Supera la ansiedad ante el espejo

Vernos en el espejo es una de las pruebas más duras a la que nos sometemos diariamente. Mientras la mayoría de personas lo utilizan para darle los últimos retoques a su aspecto, para una silenciosa minoría se transforma en una auténtica tortura donde descargamos todas nuestras inseguridades. Una conducta que tiene la desagradable cualidad de hacerse más fuerte cuanto más la hacemos, ya que confirmar nuestros miedos es un proceso que sirve para ‘tranquilizarnos’: las cosas no van bien por este gran mal que muestra nuestro reflejo.

Para evitar convertirnos en esclavas de él es importante conocer sus rutinas de comportamiento más habituales junto a la forma de combatirlas:

-Eliminar todo chequeo ‘programado’: Nada de tener que vernos después de comer para que sigamos diciéndonos el pésimo cuerpo que tenemos. Nuestra fisionomía varía a lo largo del día ligeramente, y si le sumamos la tendencia a exagerar cualquier variación de forma negativa nos encontraremos que habremos creado nuestros momentos de autocompadecencia.

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-No mirarnos siempre que podamos por la calle: Retrovisores, escaparates, reflejos en las ventanas, todos esos elementos deben quedarse ahí, sin convertirlos en nuestros particulares espejos. Al encontrarnos además fuera de casa la sensación de ansiedad puede crecer todavía más, sin tener nada que nos sirva para sentirnos seguros.

-Reducir poco a poco el tiempo ante el espejo: Si vamos a lavarnos la cara debemos quedarnos ahí, no en lavarnos la cara y estar minutos contemplando nuestra supuesta mediocridad. El espejo debe cumplir su función, no añadirle otras por nuestra cuenta.

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